Ushuaia, Tierra del Fuego

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Mi Viaje Interior - Carretera Austral

Hay otra forma de contar la experiencia de un viaje...

Mi Viaje Interior
 

Porque viajamos en moto?
Esta es una pregunta que quizás muchos nos planteamos antes, durante y aún después de realizar una travesía.
La mayoría de los relatos de estos viajes incluyen detalladamente de las distintas peripecias, los preparativos, los horarios, incluso la forma en la que se va desarrollando el viaje diariamente, son  relatos apasionantes y me encanta leerlos porque uno se siente identificado con las mismas cosas pero… yo no quiero entrar en esos clichés.
Me parece que hay otra forma de contar la experiencia de un viaje en moto y es en lo personal, en el fuero íntimo.
Me gustaría escribir unas líneas respecto del proceso interno, lo que siento y lo que pienso y lo que me motiva  de cuando en cuando a equipar la moto y salir a la ruta.
La respuesta a este interrogante de porque viajamos en moto seguramente será distinta para cada uno ya que su profunda subjetividad implica que seguramente habrá tantas respuestas como motoviajeros.
Echa esta aclaración quiero humildemente  contarles mi experiencia personal , el por qué? elijo estar expuesto a los elementos, renunciar al confort, aceptar tomar riesgos, y en definitiva hacer lo que me apasiona que es viajar en moto esto creo que es lo que no alcanza a comprender quien  no conduce una motocicleta y quizás leyendo este relato me puedan entender o perdonar.
Yo no creo que los motociclistas seamos estoicos sufrientes y sacrificados no pasa por ahí la cosa, creo que hay un estado espiritual y personal que nos anima, que nos motiva y nos impulsa casi irrefrenablemente al aventura. Ya volveré  sobre esta cuestión  pero primero pongamos en contexto.
Mi último viaje se trató de una travesía desde Ushuaia en la tierra del fuego Argentina,  lugar que amo y en el cual vivo,  hasta la localidad de Villa O’Higgins en la vecina República de Chile donde finaliza  la carretera Austral, este destino ya me había sido esquivo en otra oportunidad, no es la primera vez que trataba de llegar.
Villa O’Higgins la verdad no estaba en los planes iniciales del viaje, la idea para este verano era  mantenerse dentro argentina habida cuenta del tipo de cambio de nuestro maltrecho peso argentino y de las medidas que había implementado en el gobierno en su oportunidad y que afectaban los consumos en el extranjero,  pensaba visitar el calafate , El Chaiten y quizás recorrer el parque Torres del Paine ese fabuloso parque Nacional lindante a la ciudad de Puerto Natales, pero y como dice la canción, Cambia Todo Cambia….
Ya he hecho viajes en solitario en otras oportunidades pero no estaba pasando el mejor momento anímico así que considere que era mejor hacerlo acompañado y es así que empiezo a comentarle a algunos amigos la idea del viajecito y en el  intercambio de opiniones uno empieza a resignar la idea ¨propia¨ y a abrazar las de los demás para ir a un lugar distinto, surgieron así más inquietudes cambios de fechas y me di cuenta que llegó él punto en que me daba lo mismo el lugar de destino, me daba lo mismo la ruta que hiciéramos, me daba lo mismo la cantidad de días,  lo único que no cambiaba era el deseo de agarrar la moto  y salir a la ruta.
Sólo se trataba de ir desde el punto A al punto B en moto, y mansa y silenciosamente me entregue a aceptar la idea  que lo que quería era la experiencia de salir y compartir la ruta con otros tres loquitos como yo y ya no importaba mas nada.
Estudiamos los mapas planificamos un cronograma, un itinerario y hasta un presupuesto! el cual en callada  complicidad todos sabíamos que era incumplible.
Los días no alcanzaban en la previa para preparar todo! Y con eso aumentaba ansiedad y la adrenalina se empezaba a sentir .
Y así sin tener nada en claro un buen día cargue la moto con todas las cosas que creía que iba necesitar ( algunas demás obviamente ) y  emprendimos el viaje. Cuatro amigos, alguno con más urgencia que otro, alguno con un sueño por cumplir, otro prácticamente estrenando su moto nueva, y salimos a sentir el viento, salimos a satisfacer ese apetito que nos quitaba el sueño.
De las peripecias del viaje, las anécdotas, los fallidos, las carcajadas, las puteadas, la alegría, los ronquidos y alguna que otra borrachera (digamos todo)  todo lo demás ya dije que prefería dejarlo para otra oportunidad o para que alguno de mis colegas de viaje Hugo Lolo o Ramón se las cuenten, sólo diré que como en todo viaje hubo de todo!: roturas de parabrisas, alguna que otra caída,  pinchaduras baterías agotadas, cambios de cadena de transmisión, reparaciones sobre la marcha, gastamos rollos de duck tape, y usamos las herramientas, casi todas y vaya si las usamos!
Es que no nos fuimos acá a la vuelta de la esquina, no! fuimos a hacer uno de los caminos mas duros y exigentes dentro de la Patagonia  Argentina / Chilena, pero uno de los mas bellos sin ninguna duda también, casi 5000 km en total de los cuales 1000 km  fueron de cambiante ripio piedra, barro y arena, en fin el menú completo.
Y acá vuelvo hablar del viaje interno, la famosa procesión que va por dentro. cuando uno aguanta el viento durante horas sobre el cuello hay mucho tiempo para pensar, porque nadie en su sano juicio puede ni remotamente suponer que eso es placentero y sin embargo lo es.
Cuando las calaminas te aflojan los dientes y vas sufriendo cada piedra como si a tu moto le doliera la concentración mucha veces no te deja casi ni mirar el paisaje y aún así se disfruta, y en un segundo plano de la mente vas pensando mirá donde estoy! Que loco lo que estoy haciendo.
Y si, yo disfruto de ese tiempo porque es con uno mismo, ese tiempo implica confianza en lo que estas haciendo, convicción y bravura, algo de temeridad  por qué no? y experiencia!, la experiencia que no se compra en la farmacia eso no viene en pastillitas son muchas cosas… por sobre todo templanza y paz, a pesar del vértigo! Siento mucha paz.
La sensación de satisfacción que te da el saber que puedes hacerlo…  la emoción de sentir que puedes hacerlo, Que todavía puedes!
Pues ese, mis amigos es mi viaje interior, me faltan palabras para expresarlo pero  es el que me hace sentir que estoy VIVO.
Hay que ser motociclista en la Patagonia… esto no es para flojitos.
Y no lo digo por este último viaje en particular sino por la experiencia de todos los anteriores en grupo y en solitario, las condiciones cambiantes la lluvia el viento el frío que siempre están presentes todos junto o por separado,  los interminables kilómetros los riesgos intrínsecos los animales en la ruta en fin es una suma factores que hacen que cada viaje sea una verdadera caja de Pandora.
Y por eso creo que los recuerdos se vuelven imborrables porque están grabados en lo mas profundo junto a las emociones y todo lo que vamos percibiendo con los 5 sentidos tiene en paralelo un contenido profundamente emotivo y allí, precisamente allí, es que queda fijo en la memoria. 
Ingenuamente nos detenemos a sacar fotos para tratar de captar ese combo  de paisaje maravilloso y voz quebrada, imposible… quien vea las fotos solo verán un rio, una cascada un glaciar o una montaña… como explicarles? Acaso se puede con palabras? Como hacer para que una foto refleje lo que costó llegar a ese lugar?,  el olor de la roca mojada?, la brisa salina del mar? El ruido furibundo de aquella cascada?... No se puede señores hay que vivirlo.
Creo que  hay una cierta épica en estos viajes una extraña sensación de hazaña, minúscula pero mía.
Soy el protagonista de mi odisea y estoy allí viviéndola por decisión propia.
Y cuando los elementos te dan una tregua y sale el sol o el viento se distrae y se va para otro lado que felicidad! Los majestuosos paisajes son más imponentes, el aire se vuelve dulce y la inmensidad es más inmensa todavía.
Cuando me detengo empiezo a comprender aquello del efecto mariposa, y acepto casi dichosamente que ese padecimiento estuvo allí en ese momento y en ese lugar solo para magnificar el regocijo de este ¨otro¨ momento… lo caótico se ordena y todo tiene sentido.
Y así pasa el día, los días y no importa ya si es el primero el segundo o el décimo  cualquier día del viaje empalagados de dicha concluye la jornada .
 La satisfacción es muy grande, nos palmeamos las espaldas para felicitarnos por el logro pero en lo más íntimo nos felicitamos a nosotros mismos por lo que hicimos y por cómo lo hicimos.
Hugo Simoncini, Ramón González, Héctor ¨Lolo¨ Varela, mis queridos compañeros de viaje les dejo a Uds. la misión  de contar las anécdotas y avatares  de estos diez maravillosos días, ustedes sin dudas sabrán ponerles más chimichurri como dice un filosofo contemporáneo.
Yo escribo estas líneas para contar lo que siento que va pasando en mi cabecita, y como si estuviera en el diván de un analista donde no vale mentir, trato de ser lo mas sincero posible porque esta es mi verdad.
Seguramente para quienes llevan muchos años en esto  mi experiencia les parecerá exagerada o por lo menos sensiblera, pero también habrá principiantes como yo que quizás sintieron las mismas cosas y también es para ellos que lo escribo.
Si por alguna vuelta del destino estas palabras llegan a la página web de Latitud 54 Sur me sentiría alagado que mis compañeros y compañeras de la agrupación las leyeran.
Y también permítanme  la falta de modestia,  tengo el pícaro deseo que lo lean otras personas, por que no? Que lo lea algún motociclista de otras tierras y costumbres y sienta que quizás llegó el momento de animarse a venir por estas sureñas latitudes…  A vos te lo digo: NO TE VAS A ARREPENTIR.
O quizás alguna vez lea estas líneas un hombre o una mujer cualquiera, de cualquier edad, de cualquier lugar no importa, y mis palabras le ayudan a tomar la decisión de conseguirse  una moto y venirse en ella al lugar mas lejano de la tierra  a SENTIR QUE ESTA VIVO, ese día pues, será un día festivo, porque hay un alma que quiere ser llenada y su inquieto espíritu habrá encontrado el camino para sentirse pleno.
Ese día este modesto relato podrá decir: misión cumplida!
 
Enrique “Quique” Whiteman